Cuando la preocupación no para, el cuerpo se tensa y la cabeza no descansa. Un espacio para entender qué te pasa y recuperar la calma, con herramientas que funcionan.
La ansiedad es una respuesta natural del cuerpo ante lo que percibe como una amenaza: te activa para reaccionar. El problema aparece cuando esa alarma se queda encendida de forma constante, también cuando no hay un peligro real delante.
Puede vivirse como preocupación que no para, tensión muscular, problemas de sueño, irritabilidad o ataques de ansiedad en los que la angustia se dispara de golpe. A menudo lleva a evitar situaciones, y poco a poco la vida se va haciendo más pequeña.
La terapia no busca que dejes de sentir, sino enseñarte a regular tu sistema de alarma. Con herramientas de terapia cognitivo-conductual y regulación somática es posible recuperar la calma y volver a sentir que el control es tuyo.
La mente da vueltas sin parar, anticipando lo peor, y cuesta apagar los pensamientos.
Nudo en el estómago, opresión en el pecho, insomnio, cansancio o el corazón acelerado.
Momentos en los que la angustia se dispara de golpe y sientes que pierdes el control.
Dejar de hacer cosas por miedo a sentirte mal, hasta que tu vida se va haciendo más pequeña.
No se trata de eliminar toda emoción, sino de que la ansiedad deje de dirigir tu vida.
Identificar los pensamientos y situaciones que alimentan tu ansiedad para poder intervenir en ellos.
Técnicas de regulación somática y respiración para calmar la activación física en los momentos difíciles.
Recursos prácticos, desde la terapia cognitivo-conductual, que puedes usar cuando la ansiedad aparece.
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